Dressember 8: Emma

Hace unos años, mientras vivía en Ghana, yo fui a la estación de camiones. Yo compré un billete y encontró un carro. Pasé mucho tiempo en el carro. Había muchos problemas. Pero yo estaba distraída por un encuentro de aquella mañana (that morning).

Aquella mañana, después de comprar mi billete y encontrar un carro, decidí caminar por la estación de camiones. Mientras caminaba por la estación, vi un niño pequeño. No tenía más de ocho años. Sus ojos eran tristes y su ropa era sucia. Su ropa era demasiado grande para su cuerpo desnutrido. Él vendía agua. Muchas personas en la estación de camiones vendían agua. Para el niño, era más difícil vender agua que para los adultos.

Yo decidí comprar agua. Decidí comprar agua del niño. Le di (I gave him) 20 peswas—el equivalente de 5 centavos. Un agua costaba 10 pesawas. Me preguntó, “¿Quieres dos aguas?” Le dije, “No, no quiero dos. Solo quiero uno. Tú puedes guardar el resto del dinero”.

Yo caminé a mi carro y miré por la ventana. Yo vi el niño. Él me miró y agarró uno de los aguas. Lo tomó rápidamente.

Mientras estaba en el carro, yo no podía dejar de pensar (stop thinking) en el niño. No podía dejar de considerar su vida. No podía dejar de considerar por qué pasaba la vida en la estación de camiones. ¿Tenía una familia? ¿Tenía una familia pobre? ¿Era esclavo? ¿Comía todos los días? Tenía muchas preguntas.

La realidad de este mundo es que niños como este existen en todo el mundo. Muchos niños como él tienen familias pero otros no las tienen. Muchos niños con familias y muchos niños sin familias están obligados a trabajar todo el día y toda la noche. No tienen la oportunidad de ir a la escuela. No son “esclavos”, pero son víctimas y están en riesgo de hacerse esclavos.

Hoy mi vestido se llama Emma, “Emmanuel” o “Emmanuella”—que significa “Dios con nosotros”. Es un recuerdo que Dios está con nosotros, con cada uno de nosotros. Yo vi al niño en la estación de camiones. Lo miré a los ojos. Dios lo vio también; Dios ve a todos los niños. Es importante que no ignoremos a todas las situaciones de injusticia y de abuso—no solo las instancias más extremas.

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